El aprendizaje activo es, dicho simplemente, aprender haciendo. Difiere grandemente de la metodología que típicamente se usa en demasía en las iglesias: el aprendizaje pasivo.

En la Escuela Dominical los niños generalmente se sientan alrededor de una mesa. Los maestros dictan su clase. Los niños tienen que vérselas con otro crucigrama bíblico más en sus cuadernos del alumno. Es la misma rutina semana tras semana. Muy pocos aprende y menos aun quieren regresar.

¿Qué diferencia hay entre aprendizaje pasivo y aprendizaje activo?

Los pilotos de aviones saben muy bien la diferencia entre el aprendizaje pasivo y activo. Su aprendizaje pasivo viene al escuchar a un instructor de vuelo y leer manuales de instrucción sobre el vuelo. Su aprendizaje activo viene al volar en la práctica un avión o un simulador de vuelo. Los libros y lecciones pueden ser beneficiosos, pero los pilotos le dirán que aprendieron realmente a volar al manipular con sus propias manos los controles del avión.

Podemos observar el aprendizaje en la iglesia de forma similar. Aunque podamos hacer que nuestros estudiantes lean y escuchen pasivamente a los maestros, su comprensión y aplicación de la Palabra de Dios realmente tomará vida a través de experiencias reales y simuladas.

Un ejemplo de comunicación Creativa

Aprendizaje pasivo: El líder de jóvenes se preocupa por la formación de grupitos dentro del grupo. Ve a los adolescentes excluír a sus compañeros, particularmente a los recién llegados. Les da un sermón sobre cómo Dios desea que aceptemos a los demás y que los grupitos son destructivos.
Esa es una manera de abordar el problema mediante el aprendizaje pasivo. Ahora consideremos una manera de aprendizaje activo.

Aprendizaje activo: El líder divide a los jóvenes en grupos de seis personas. Le pide a cada grupo que forme un círculo. A uno de cada grupo se le pide que salga del círculo mientras los otros cinco cruzan los brazos unos con otros, indicándoles que deben tratar de evitar que los «de fuera» entren en su respectivo círculo.
Los chicos comienzan a sacudirse, empujarse, hacerse cosquillas y reírse. Algunos de los que están afuera logran abrirse paso a la fuerza para entrar en el círculo. Otros luchan pero no lo logran. Uno de ellos se da por vencido y se sienta en un rincón.
Ahora el líder de jóvenes pide que los muchachos tomen asiento y les pide que analicen lo que acaban de experimentar. Les pregunta a los que estaban fuera del círculo: «¿Cómo se sientieron al verse fuera del grupo?. Luego les pregunta al grupo que formaba el círculo: «¿Cómo se sintieron al esforzarse por dejar afuera al otro joven?». Entonces sondea un poco más profundo: «¿Cómo se asemeja esa experiencia a lo que sucede en la escuela o aquí mismo en nuestro grupo de jóvenes?».
Los muchachos comienzan a sincerarse. Se les prendió la luz en su cerebro. Comienzan a comprender lo destructivo de su comportamiento pasado. Aprenden y su compotamiento cambia. ¡Eso es aprendizaje activo!
Otras formas de aprendizaje activo incluye juegos de simulacro, teatro imporvisado, proyectos de servicio, experimientos, proyectos de investigación, pantomimas de grupos, juicios simulados, juegos de propósito específico y excursiones.
Este tipo de aprendizaje se puede usar semana tras semana en la iglesia.

Tomado de «Por qué nadie aprende mucho de nada en la iglesia y como remediarlo». Adaptado por lideresjuveniles.com

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