Jesús fue el Maestro de maestros. Usó una gran variedad de métodos de aprendizaje.

Desde jovencito modeló el valor de la lectura de la Palabra de Dios. Y como adulto usó su poderoso don de oratoria. Nunca escribió un libro. Confió en que la potencia de sus encuentros con las personas sería recordada y transmitida a lo largo de las edades. Jesús sumergió a las personas en experiencias de todo tipo: sanó a algunos, alimentó a otros, y echó fuera demonios de otros más. Manipuló el clima para enseñanr a sus discípulos una lección (Mt. 8:23-27).
Le encantaba enseñar con los materiales interesantes que le rodeaban.Usó tierra, agua, vino, ropa, árboles, grano de trigo, ovejas, botes, redes, peces, niños y hasta una moneda romana; los artículos comunes de su época.
Jesús sabía que las personas aprendían al hacerlo. Para enseñar a sus discípulos una lección sobre el servicio se puso de rodillas y comenzó a lavarles los pies. Pudo haberles predicado un sermón elocuente sobre el servicio, pero conocía el poder de la experiencia. sabía que sus discípulos lo comprenderían mejor si experimentaban esta lección.
Sus discípulos, al igual que muchos en la iglesia hoy día, objetaron la metodología de aprendizaje activo de Jesús. Pedro exclamó: «¡No! ¡Jamás me lavarás los pies!» Se hubiera sentido mucho más cómodo escuchando pasivamente un sermón.
Pero Jesús insistió. Es más, le dijo: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; más lo entenderás después» (Jn. 13:7). Lee esa cita de nuevo. Es la esencia del aprendizaje activo. Las grandes lecciones vienen mediante experiencias de la vida. A menudo no nos damos cuenta ni siquiera de que estamos aprendiendo algo profundo. La reflexión acerca de una experiencia destaca la lección y la fija en nuestro corazón. Después de lavarles los pies, Jesús preguntó: «¿Sabéis lo que os he hecho?» (v.12).
Jesús comprendía el proceso de la mente humana. Sabía que los discípulos nunca iban a captar lo que es el servicio o la naturaleza de Dios mientras no experimentaran algo emocionante. Pudo haber explicado el concepto, pero prefirio enseñárselo con una experiencia contundente que nunca olvidarían.
Sí, Jesús usó anécdotas y otras formas más pasivas de enseñaza, pero las intercaló de forma creativa con muchos episodios de aprendizaje activo, fortaleciendo e impulsando de esta forma un mensaje que vivirá para siempre.

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