5 claves para convertirse en el tipo de persona que puede construir fuertes relaciones con los jóvenes

Conocí a Alan, un joven alto de 17 años en un retiro. Nos recostamos a la orilla de una cancha de básquetbol vacía mientras el sol pegaba detrás de la sombra de los árboles. Hablamos por algunos minutos acerca de música, la escuela, deportes y las chicas… Pero luego Alan, quien había crecido en la iglesia y llevaba una vida de limpieza reluciente, me hizo una pregunta seria: «¿Cómo sé que Dios realmente me ama?»

Su pregunta me tomó por sorpresa. ¿Estaba él al borde de una crisis? Me sentí incómodo. Así que traté de compartir algunos versos bíblicos. Algunos postulados teológicos rondaban por mi mente –y algunos inadvertidamente salieron de mi boca. Alan sólo mantenía su mirada perdida en el suelo. Pero luego, entendí, Alan no buscaba una respuesta. Él buscaba una relación –con Dios- ¡pero también conmigo! Su vulnerabilidad era una invitación para conectar, no para exhortar.

«Sé lo que quieres decir», dije eventualmente. «Yo a veces me pregunto cómo puede realmente amarme Dios a mí también». Los ojos de Alan se alumbraron. Perdimos la noción del tiempo y hablamos claro hasta la cena. La comida era una atracción menor comparada con la posibilidad de ser conocido en una relación genuina.

Desde ese encuentro con Alan, he conocido a varios adolescentes como él casi en todos los lugares a donde voy –adolescentes que están deseosos de tener relaciones auténticas. Nunca antes los jóvenes han anhelado tanto por relaciones genuinas. ¿Por qué?

Por un lado, sus relaciones en el hogar son generalmente frágiles y fragmentadas. En Estados Unidos, las parejas de casados que tienen hijos ahora nada más ganan hasta el 26% de lo necesario para los gastos de la casa (cuando era 40% en 1970). Y con el incremento de las familias de dos salarios, aún los jóvenes de familias intactas invierten poco tiempo relacional con sus padres.

Hasta las relaciones con los amigos y compañeros se encuentran afectadas. Un tercio de todos los jóvenes pasa al menos 20 horas trabajando por semana en trabajos después de la escuela –dejando poco tiempo para construir relaciones más profundas.

Los jóvenes anhelan relaciones verdaderas porque constituyen el fundamento para la satisfacción en la vida. Un grupo pionero de investigadores recientemente estudió el misterio de todos los tiempos de lo que hace a la gente feliz. Su respuesta no es lo que puede esperarse. Lo que consistentemente aparece en los primeros lugares de las evaluaciones no es el éxito, la buena apariencia, o cualquier otra ventaja envidiable. El absoluto ganador es las relaciones. Las cercanas.

¿Qué se necesita para las sanas relaciones?

Algunas veces lo que sentimos que es una relación no se acerca a lo que un adolescente tiene en mente. Yo solía pensar que bromear, una palmadita en el hombro, o animar con palabras eran formas efectivas de comunicarse. Pero ahora sé que los jóvenes quieren más. Ellos quieren arriesgar la vulnerabilidad, construir confianza, y compartir su alma.

Así que, ¿cómo construimos relaciones que satisfagan profundas necesidades en los jóvenes con quienes trabajamos? Para responder esta pregunta debemos entender cómo se inician las relaciones, cómo se desarrollan, y cómo, a veces, terminan en una confusión de enojo y dolor. También debemos entender cómo ese dolor puede ser muchas veces el camino para una profunda, y más satisfactoria relación.

El punto central es que cada relación auténtica debe navegar por estas etapas:

1. Pseudo-relación – Estas son las relaciones que tenemos con los jóvenes que vemos únicamente tres o cuatro veces al mes en la iglesia. Es suficientemente agradable, pero no hay mucho en ellas. Las pseudo-relaciones carecen de profundidad.

2. Caos –la etapa del caos asusta. En ella, vamos más allá de la superficie para hablar acerca de nuestros verdaderos sentimientos, lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo bueno y lo malo. Es la fase en la que casi de forma garantizada entraremos con un grupo de jóvenes en una van durante un tour del coro de una semana. Vamos a sufrir. Ellos van a quejarse. El caos no es divertido, pero despues de un tiempo, todas las relaciones van a entrar en algún nivel de caos. Es un paso necesario para tener relaciones saludables.

3. Vacío –en la etapa del vacío, nos damos cuenta de que tenemos lo necesario para construir relaciones saludables. Es la habilidad de vaciarnos de nuestra necesidad para cambiar a otra persona. El vacío dice que tú no tienes que cambiarme para que yo te acepte. Cuando nos vaciamos de nuestra compulsiva necesidad de cambiar a aquel miembro del grupo que nos enfurece, por ejemplo, trascendemos del caos y creamos una oportunidad para una relación genuina. Esa es la etapa final.

El vacío sirve como puente a una relación que permite que dos personas se sientan lo suficientemente seguras para ser ellas mismas –para ser vulnerables y saber que son aceptadas. Sin cerrarse, sin máscaras. Simplemente cuidado y aceptación genuinos.

Quién eres es más importante que qué haces

¿Qué puedes hacer para construir relaciones genuinas con tus jóvenes? Para ser sincero, la respuesta es, «no mucho». No puedes hacer gran cosa para cultivar sanas relaciones. Las técnicas no funcionan. Las relaciones reales emanan de quiénes somos. Así que concéntrate en la clase de persona que eres, en las relaciones, en vez de pensar en lo que haces.

1. Sé alguien con quien los jóvenes pueden compartir sus sentimientos con libertad. Una relación cercana está construida en el sentimiento de seguridad. Si los jóvenes no se sienten seguros contigo, no hay esperanza de que se abran. Pero una vez eres la persona en quién ellos pueden confiar, sus sentimientos fluirán libremente.

2. Sé alguien con quien los jóvenes pueden compartir sus preocupaciones y ansiedades. Muchos jóvenes andan cargando preocupaciones secretas y problemáticas que casi no lo mencionan a nadie. Escucha cuidadosamente para encontrar qué cosas les preocupan.

3. Sé alguien que tus jóvenes pueden alcanzar. Cuando las escalas relacionales no tienen balance –cuando una persona está siempre recibiendo y la otra está siempre dando- ambas personas eventualmente se sentirán engañadas. En las relaciones saludables, las personas satisfacen las necesidades de los demás. Así que, permite que los jóvenes con quienes trabajas cuiden de ti mientras tú cuidas de ellos.

4. Sé alguien que ayudará a los jóvenes. En las relaciones fructíferas, las personas no solamente comparten intimidades, también se ayudan mutuamente. Algunas veces esa ayuda viene en formas tangibles –llevar a alguien a un partido, por ejemplo. Y a veces sucede en forma de seguridad antes de que tomen un examen por el que han estado estudiando fuerte. El punto es que debes ayudarles porque quieres hacerlo, no porque tienes que hacerlo.

5. Sé alguien que les dirá a los jóvenes que ellos importan. En el corazón de cada relación saludable está la seguridad que viene de saber que uno le importa profundamente a otra persona. Todos nosotros necesitamos ser afirmados en nuestro propio valor, y los jóvenes se van a apoyar en aquellos que valoren quién ellos son.

Les Parrott es co-director del Centro para el Desarrollo Relacional y es profeso de sicología en la Universidad de Seattle Pacific. Es el autor de Helping the struggling adolescent y Love’s uncen enemy (Zondervan). Vive en Seattle

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