Soltera otra vez

Ella negaba que su esposo se hubiera alejado; quizá sólo estaba enojado por algo. Pero ya se le pasaría. En verdad, él nunca había compartido libremente sus sentimientos. Fue entonces cuando repentinamente, antes de que su hijo mayor cumpliera diez años, su esposo le anunció: “Es que no soy feliz… Necesito alejarme para encontrarme a mí mismo”.

A los pocos días empacó sus pertenencias y se fue. Esa esposa y madre se sintió devastada, pero aún conservaba la esperanza de que él regresara y nadie se enteraría. No dijo nada a nadie, pero trató de justificar la ausencia del padre ante sus dos hijos mayores. El recién nacido no lo entendería.

Finalmente se llenó de temor al darse cuenta de que él nunca volvería. Fue entonces que clamó con todo su corazón: “Dios mío, ¡no puedo hacerlo sola!”

En este caso de la vida real, esa tremenda crisis hizo que la mujer aceptara a Cristo como su Salvador y experimentara que el Señor le decía:

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sus­tentaré con la diestra de mi justicia”. (Isaías 41:10)

Las cuatro etapas de la familia monoparental

El indefenso— El padre o madre que se siente así generalmente está abrumado(a) y desesperado(a) y desea encontrar la estabilidad en otra persona.

Consecuencia— El hijo cree que debe ser súper-responsable y asume el papel de “protector”.

Consuelo— (Jeremías 29:11)

El aguantador— El padre o madre que trata de “soportar” está en negación parcial, aferrándose al cónyuge anterior en busca de identidad y seguridad.

Consecuencia— El hijo cree que debe consolar al padre herido y se convierte en “proveedor emocional”.

Consuelo— (Hechos 17:28)

El heroico— El padre o madre solo al que se llama “heroico” es el que aparenta ser completamente autosuficiente y estar decidido a ser “el padre o madre de mayor éxito”.

Consecuencia— El hijo no ve la necesidad de confiar en Dios porque el padre es autosuficiente.

Consuelo— (2 Corintios 3:5)

El esperanzado— Este es el tipo de padre o madre que acepta que su autosuficiencia no proviene de él o de otros, sino que se encuentra confiando en Dios.

Consecuencia— El hijo vive seguro, sabiendo que su padre o madre confía en las promesas divinas.

Consuelo— (2 Pedro 1:3–4)

Causas de amargura y falta de contentamiento

Resentimiento contra Dios o el ex-cónyuge

Disminución de ingresos

Pérdida de amistades y de su vida social

Pérdida de identidad

Envidia hacia las amistades que tienen cónyuge

Cansancio por tener que llevar la carga a solas

Versículo clave para memorizar

Para la madre sola:

“Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; a ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del huérfano”. (Salmos 10:14)

Para el padre solo:

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”. (Isaías 49:15–16)

Pasaje clave para leer y meditar

Salmos 145:8–9, 13–20

Necesidades emocionales de sus hijos

La seguridad es la necesidad más impor­tante que el padre debe proveer en su hogar. Los hijos necesitan…

Seguir teniendo la libertad de amar a ambos padres. (1 Juan 4:11)

Experimentar una vida familiar consistente y estructurada facilitada por usted como padre o madre sabio. (Proverbios 24:3)

Guiarlos a entender que no son culpables de tener a uno solo de los padres. (Proverbios 16:22)

Unirse a usted y ver que usted está emocionalmente sano(a) y que no le teme al futuro. (Salmos 146:5)

Recibir consuelo para que puedan consolar a otros. (2 Corintios 1:3–4)

Identificar sus emociones y enfrentarlas honestamente. (Salmos 51:6)

Darse cuenta de que no existe la “familia perfecta”

Acercarse al Padre celestial para encontrar seguridad en él y su iglesia. (1 Juan 3:1)

Dar al Señor su inconformidad. (Filipenses 4:11)

“Fuerte es tu habitación; pon en la peña tu nido”. (Números 24:21)

Síes y Noes de las familias monoparentales

No permita que lo asalten pensamientos negativos.2

Sí… Perdone al padre ausente. (Colosenses 3:13)

No trate de ser tanto padre como madre.

Sí… Sea el padre o madre más sabio posible dentro de su papel dado por Dios. (Salmos 68:5)

No trate de esconder de su hijo sus emociones.

Sí… Sea vulnerable. Permita que su hijo lo conozca tal cómo es.3 (Salmos 32:5)

No critique al padre o madre ausente.4

Sí… Mencione sus cualidades y si es posible, dé a sus hijos la oportunidad de edificar una relación con él o ella. (Salmos 141:3)

“Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada”.(Salmos 68:5)

“ Soy padre solo y me gustaría tener más tiempo para

criar a mi hijo en vez de dejarlo con otros. ¿Debo cambiar de trabajo para pasar más tiempo con él? ¿Qué debo hacer?”

Actualmente su principal llamamiento en la vida es criar a su hijo. Para ser el padre que Dios quiere, usted debe participar en las distintas etapas de la vida de su hijo. Dios honrará su decisión de dejar de ganar algo de dinero para dar más tiempo a su hijo. Revise los anuncios del periódico, diríjase a una agencia de empleos y comparta con otros su deseo de trabajar en casa o de medio tiempo. Acepte lo que Dios mande a su vida. Él hablará a su corazón indicándole qué empleo aceptar, y usted experimentará la provisión divina.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:19)

“ Mi hijo adolescente es rebelde y tiene problemas. Su padre

nos abandonó hace dos años y mi hijo no quiere escucharme. Dice que me la paso regañándolo. ¿Debo dejar de decirle lo que es correcto?”

No. Si su hijo sigue tomando malas decisiones, usted es responsable de decirle lo que es incorrecto. Usted no es responsable de las malas decisiones que él tome, pero sí lo es de su crianza. Si usted no lo corrige, ¿quién lo hará?

“La ley del sabio es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte”. (Proverbios 13:14)

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